Los medios de comunicación son el cuarto poder, algo indiscutible, aunque en una republica como ésta deberíamos hablar del sexto, ya que aquí a parte de la internacional trinidad republicana de Montesquieu existe el Poder Ciudadano y el Poder Electoral sumando así cinco los poderes constitucionales de la república. Quiero contarles, para contextualizar, que son tres los grandes partidos políticos venezolanos: los adecos (AD, Acción Democrática), los copeyanos (COPEI, Comité de Organización Política Electoral Independiente) y los bolivarianos o chavistas (MVR Movimiento Quinta República), los dos primeros caricaturizados como los escuálidos y los chavistas como los sindi (sin dientes). Cada uno de ellos teniendo como arma fundamental a los medios masivos de comunicación. El oficialismo posee a nivel nacional el Canal 8, canal de aire, canal del estado, canal donde los domingos se transmite religiosamente el Aló Presidente y donde éste demuestra su gran intercomunicación y afinidad con el pueblo, está también el canal internacional Telesur mucho menos popular que el anterior y solo transmitido por cable. La oposición cuenta con media docena de canales de aire, el poderío sobre la transmisión por cable y la marca registrada sobre sus telenovelas. Una proporción similar sucede con la prensa escrita y con la radio.
Desde hace dos años y por ley, todos los canales sin excepción deben pasar comerciales alusivos al gobierno y de tinte obviamente positivo por 2 minutos cada cierto periodo de tiempo, siendo este el punto cardinal de la demanda que hacen al gobierno sobre la libertad de expresión de los canales privados. Es gracioso ver en los programas informativos noticias pésimas del gobierno e inmediatamente un comercial mostrando todo lo contrario. Aquí no se restringe la información, y eso hay que dejar claro, ya que todo lo que el gobierno no quiere ver ni mostrar la oposición lo aprovecha con toda la fuerza de su propio aparato y no hay represalias a nadie.
Tal es el protagonismo de los medios masivos de comunicación que al día siguiente del golpe de estado sufrido por Chavez en el 2002 asumían arrogantemente, en rueda de prensa, que fueron ellos, los propios medios, los que planificaron paso a paso todo, y que además lo tenían preparado desde 2 meses antes. El golpe falló, duró sólo 48 horas, pero demostró que los actores políticos reales estaban dentro de las pantallas de 14 pulgadas. Desde aquel momento los medios privados se dedican a desacreditar a los partidos políticos, y sin perder su afinidad se independizan de la oposición partidaria al gobierno y se dedican a desacreditar la política entera en su manera tradicional, y hoy la disputa política pasa netamente a la arena mediática, son los medios los que pelean, son las radios, los diarios, los canales entre sí, y este protagonismo político de los medios crea en la población un desinterés hacia los partidos tradicionales y un reemplazo de estos por los medios mismos que de manera atrayente los convencen que por ellos están y serán mejor representados. Pasando así la simple analogía entre político y periodista como si se tratase de lo mismo.
Estos acontecimientos donde se oculta la necesidad de la real información y toda la fatiga de las propias formas tradicionales de representación, genera por parte del pueblo improvisaciones, que a parte de los pasquines y periódicos independientes, instaura a la radio como el primer medio masivo en responder a esta videopolítica y oscurantismo de la realidad, la innovadora posibilidad legal de crear radios comunitarias en cualquier rincón de la república ha hecho a la propia comunidad gestora de su información. Ahora es Catia Tv un ejemplo sui generis, y en uno de los barrios más populosos de Caracas nace un canal televisivo de alcance y presupuesto adecuado a un sector de población preponderantemente pobre, pero apropiado a las condiciones y necesidades informativas de dicha población. Es el derecho a la información en su máxima expresión. El municipio de Catia se siente ahora no solo administrador de su información sino partícipe y protagonista de la misma.
Esta revolución, que transforma también a las comunicaciones, ha asestado un golpe fatal a los sistemas representativos tradicionales porque de ahora en más los ciudadanos saben que pueden prescindir de los partidos para influir en lo que sea, y por supuesto y está demás decirlo que también en política.
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