Saturday, June 03, 2006

Caracazos


Durante el este último fin de semana en Caracas tuve una de las demostraciones de participación popular más excéntricas de las que me hubiera imaginado. Estando en la plaza el Calvario, un parquecito en la cima de unos de los tantos cerros de la ciudad presencié lo que ellos llaman el “Parlamentarismo de Calle”, todas las parroquias de Caracas tenían por lo menos un representante, nada tenían que ver con la feligresía sino mas bien utilizaban la estructura de los distintos distritos de la iglesia católica para poder identificar las distintas comunidades. El debate, el cual lo dirigían unos facilitadores o alguno que otro diputado de la Asamblea Nacional por cada mesa de 10 personas aproximadamente, consistía en la aceptación o no de las últimas reformas que se hicieron de ciertas leyes que incumben a la ciudadanía, con la posibilidad de agregar o modificar la misma reforma hecha en el senado. La reunión comenzó a las 10 am del sábado y culminaba a las 4 de la tarde con una participación masiva de jóvenes, obreros, jubilados, empleadas domésticas, abogados, ingenieros y hasta familias completas que iban a discutir y dialogar a este encantador parquecito y a otros tantos centenares de sitios a lo largo y ancho de la república. Todo esto me sorprendió, no creo que en algún lugar del mundo se haya legislado en la calle, en donde congresistas estén codo a codo con el pueblo (me dijeron que en el Chile de Allende se dio algo parecido). Lo que más me impactó fue la capacidad de los presentes, es cierto que algunos fueron puro oído y acompañaron los acalorados debates con simples expresiones faciales, pero el conocimiento de su constitución, de sus derechos y obligaciones, hasta el punto de saberlos de memoria por la gran mayoría de los participantes ya sean jóvenes y abuelitos era impresionante.
Pero hay algo que debo aclarar, no habían opositores, todo estaba teñido de rojo el color del MVR, había también comunistas, neutrales y apartidistas, pero la oposición nuevamente no estaba presente. Me respondieron que esto es abierto, que es impulsado por la Quinta República pero es un lugar de libre participación y que además están acostumbrados al boicot opositor, para mí como que quedaba empañado todo esto sin su participación, ya que lo legislado compete a todos. En realidad tampoco me imaginaba a un opositor en esa “marea roja”, parecía una seccional colorada en plena época electoral, imagínense una pañoleta azul metida en el medio, se la comen.
En la tarde y al día siguiente estuve recorriendo las instalaciones de la Universidad Bolivariana, es una casa de estudios de solo 4 años de vida que se concibió sobre las modernas edificaciones de las anteriores filiales privadas de PDVSA y que fueron tomadas por estudiantes y profesores de la Universidad Central de Venezuela durante el paro del 2002. Ésta última academia centenaria y de reconocimiento internacional parió de esa manera una Universidad formidable, vanguardista hasta en la medicina, con carreras innovadoras, con programas de estudios dinámicos, actualizados, totalmente gratuita y lo que es más: comprometidos y con responsabilidad de ser gestores académicos el proceso, pero a la vez la hija maldita de la aristocrática universidad que la parió.
Cuando aludía sobre nuestra apatía paraguaya todos me señalaban la Venezuela de los 90, una patria moribunda, sin protagonismo popular, sin ningún partido de izquierda fuerte, con una población que temía al socialismo, un país muy similar al nuestro, y ni ellos se explican este furor, esta explosión y expansión de participación popular en la política. A veces hasta parece que esta participación y compromiso con el proceso político que se vive deviene exclusivamente desde abajo, desde las bases, desde el pueblo, pareciera ser como que se invierte la pirámide de intervención política y yo noto al pueblo mucho más comprometido con el proceso que a las mismas autoridades institucionales, ministeriales y de cualquier tipo, a excepción obviamente del visionario de todo esto, el Teniente Coronel Hugo Rafael Chávez.
Estando en la terminal, antes de partir para Elorza, se me acerca un viejito rengueando y me pregunta si en mi banco sobraba lugar para él, estaba medio ciego por supuesto, lo ayudo a sentar, le ofrezco algo para comer y me responde: no gracias, recién estuve en el comedor popular. Los comedores populares se crearon en el 2001 y casi 8 millones de personas se alimentan ahí a diario. Estas son las cosas que me permiten reconocer que cuando afirman de que Venezuela cambió, yo les concluyo la frase:… cambió para siempre.

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