Monday, August 07, 2006

Culturas Virulentas

Virulencia es lo que llamamos los médicos a la capacidad de un microorganismo de infectar, invadir y multiplicarse en un ser vivo. Hoy he presenciado lo que definiría a mi manera como “virulencia cultural”.
En esta tierra llanera, donde se canta, se baila y se llora el joropo con mayor intensidad que en el litoral caribeño, aquí, donde el joropo no suena como un valsecito como cerca de Caracas, aquí, lo que algunos llaman el contrapunteo entreverao, donde se entonan arpas, cuatros y maracas que ponen a zapatear toda la ribera del Arauca vibrador. Esta es la tierra, a la que sin querer, vine a contagiar y a emponzoñarla culturalmente.
Desde luego no sabía que entre las cosas que traía en mi mochila, cuando me vine para este Estado, cargaba con un arma tan letal y virulenta, aparentemente tan simple, pequeñita, a veces hasta transparente, parecía virgen y todo, ni me imaginaba que tendría un alcance de sideral envergadura.
Bueno, quizás para menguar el cargo de conciencia que me creó esta situación, voy a decir que lo que vine diseminar aquí, fue algo así como una segunda infestación, porque la primera la trajeron los colombianos, eso si, eso si es seguro, estos colombianos infectaron a toda América en menos de una década, digo yo, y el caribe también, por su puesto, pero hasta ahí nomás, no creo que la fuerza de su virulencia pueda cruzar mares tan grandes como los océanos, no es que no sepan nadar o que no resistan al agua, eso es lo de menos, estos entes abominables no tienen dificultades de meterse en primera clase o en el maletero de un avión, vuelan como si nada, pero indiscutiblemente dependen del clima donde vengan a caer, y exclusivamente de encontrar un suelo cultural óptimo para su diseminación. Es más que obvio que este tema de la globalización les facilito la cuestión.
Abominables, así los definió un intelectualoide en paraguay hace ya unos años al analizar los efectos colaterales de su enquistamiento cultural en gran parte de la población nacional. Los vallenatos desplazaron al purahei jahe’o y ahora hasta acompañan al mate matutino en la campaña paraguaya con una familiaridad casi ancestral.
Los últimos días del mes de julio pasé viviendo nuevamente en un cuartel. Ayudando ahí en el departamento de sanidad, hice amistad con la tropa y oficiales de todos los rangos. Allí nomás, estaban el terreno y las condiciones meteorológicas óptimas para el desarrollo y proliferación exponencial del estimado. El momento de impacto e inicio de propagación se dio cuando un chamo de tropa oyó sonar desde el computador del departamento de sanidad los temas de Pibes Chorros, Magoman, Banda Ancha… yo mientras, compartiendo con el Capitán García el mundo cultural paraguayo y sus complejidades, después de haber discutido un poco de historia, de guerras y política, como dicen aquí: de vainas varias, pero inconsciente de que estaba encajando el germen, al chamo le brillaban los ojos, de hecho, cuando me di cuenta estaba todo perdido. Esa misma tarde me pidió que lo copiara, lo hice pues, tal vez incrédulo todavía, pero ya pendiente de lo que pasaba.
Desde aquella tarde en adelante creo que no hubo día, tarde, ni noche que haya dejado de oír alguno de esos temas en los distintos escuadrones de tropa. Éxito total. No pasaron más de 7 días para que en su primer fin de semana la cumbia villera ponga también zapatear al pueblo de Elorza con una familiaridad también casi ancestral. Elorza, capital del folclore venezolano. Soy un asesino… encima era “la música del paraguayo”, dios mío, vine a matar todo, y explicar, explicar sería una tremenda pérdida de tiempo, no tengo perdón.
Miles y miles de kilómetros en distancia, pero creo que estarían de mas sociólogos y antropólogos para analizar fenómeno. Todo demuestra que también están de más los políticos y sus discursos, los superlíderes, las potencias, sus proyectos, los tratados internacionales, el libre comercio, los pasaportes, las fronteras… nada detiene ni contiene a una cultura.
Y también está claro que América, en sus gustos, en sus antojos, en el alma… es una.

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